Al delincuente no le importa si su negocio es pequeño: le interesa que tiene caja, cuentas bancarias, clientes y un WhatsApp con el que puede engañar a otros. Estas son las trampas más comunes en el comercio local y cómo cerrarlas.
Toque cada tema para abrirlo.
El cliente "paga" por Nequi, Daviplata, Bre-B o transferencia y le muestra una captura o un mensaje de confirmación. Hoy existen aplicaciones que fabrican comprobantes idénticos a los reales, con nombre, valor y hora.
El engaño suele darse en horas pico, con prisa, o cuando el "cliente" manda a un mensajero a recoger el pedido.
Llega un correo o un WhatsApp que parece de su proveedor de siempre: "Actualizamos nuestra cuenta bancaria, por favor consigne la próxima factura aquí". El mensaje puede venir incluso del correo real del proveedor si a él le robaron la cuenta.
Es uno de los fraudes que más dinero les quita a las empresas en Colombia y el mundo, porque el pago parece rutinario.
El delincuente le escribe haciéndose pasar por un cliente, una plataforma o "soporte de WhatsApp" y le pide un código de 6 dígitos que le llegó por SMS. Ese código es la llave de su cuenta: con él se queda con su WhatsApp y empieza a pedir dinero prestado a todos sus contactos y clientes a su nombre.
En mostradores y vitrinas los estafadores pegan un código QR propio encima del suyo. Los clientes pagan… a la cuenta del delincuente. También hay quien se ofrece a "revisar" el datáfono para manipularlo.
Llamadas o mensajes que dicen venir de un grupo armado, de "la oficina", o de una autoridad, exigiendo dinero, recargas o "colaboraciones". Muchas se hacen desde cárceles con datos sacados de redes sociales o de Google Maps.
Otra modalidad: personas que se presentan como bomberos, funcionarios de la alcaldía o de la DIAN para cobrar "inspecciones", vender extintores obligatorios o "evitar un cierre".
El correo del negocio es la llave de todo: desde ahí se recuperan el banco, la facturación electrónica, las redes y la página web. Si usa la misma contraseña en todo, cuando se filtra una se pierden todas.
Un computador robado, dañado o secuestrado por un virus (ransomware) puede hacerle perder inventario, facturas y la base de clientes. La única defensa real es tener copia.
Regla 3-2-1: tres copias de la información, en dos lugares distintos, y una fuera del negocio (por ejemplo, en la nube).
Si sus clientes se conectan a la misma red que su computador de caja y sus cámaras, cualquier persona sentada en una mesa queda "dentro" de su negocio.
Nombres, teléfonos, cédulas y direcciones de sus clientes están protegidos por la ley. Publicar una lista de morosos en un grupo, compartir la base de datos o usarla para cosas que el cliente no autorizó puede traerle sanciones.
Marque lo que ya hace. Nada se guarda ni se envía: es solo para usted.
Llevamos esta charla a su negocio, gremio o asociación de comerciantes: casos reales de Cúcuta, simulacro de comprobante falso y revisión rápida de su WhatsApp y correo.